16 de octubre de 2025

El pulso de la luz

Pintura de Betina Baldassari

Me inclino ante las palabras

con la intención de abrazarlas,

de amarlas, de hacerlas mías.

 

Encuentro el gran tesoro

que está más allá 

de una isla desierta 

en medio del océano.

 

Corazón que respira

los desafíos del pulso.

 

Alzo la vista.

¡Huele a mundo!



*Título del poema: Lawrence Ferlinghetti 


 

3 comentarios:

Prometeo dijo...

Qué bonito ars poética: empieza con un gesto humilde: “me inclino ante las palabras” y, sin alardes, pasa de la cercanía del verbo a la lejanía mítica (“el gran tesoro… más allá de una isla desierta”). El poema respira en tres movimientos claros: entrega (inclinarse/abrazar), búsqueda (tesoro/isla/océano) y despertar sensorial (“Corazón que respira… ¡Huele a mundo!”). Esa última exclamación es preciosa: convierte la experiencia literaria en un acto físico, casi olfativo, y abre la ventana de par en par.

Mónica López Bordón dijo...

Muchísimas gracias por una lectura tan precisa y tan amable

Prometeo dijo...

Qué bonito gesto de humildad y celebración: “Me inclino ante las palabras” abre un poema metapoético que acaricia el lenguaje como quien reconoce un hogar. Me gusta mucho cómo pasas de lo íntimo -abrazarlas, amarlas- a la aventura: el “gran tesoro” más allá de la isla desierta convierte la escritura en travesía, brújula y mapa a la vez.

“Corazón que respira los desafíos del pulso” es una imagen potente: el latido como taller donde se forjan los versos. Y el remate, “¡Huele a mundo!”, es puro aire fresco -olfato, horizonte y ganas de vivir en una sola exclamación-. Un texto breve y luminoso que contagia deseo de leer y de escribir. Bravo.