Pintura de Betina Baldassari
Me inclino ante las palabras
con la intención de abrazarlas,
de amarlas, de hacerlas mías.
Encuentro el gran tesoro
que está más allá
de una isla desierta
en medio del océano.
Corazón que respira
los desafíos del pulso.
Alzo la vista.
¡Huele a mundo!
*Título del poema: Lawrence Ferlinghetti


3 comentarios:
Qué bonito ars poética: empieza con un gesto humilde: “me inclino ante las palabras” y, sin alardes, pasa de la cercanía del verbo a la lejanía mítica (“el gran tesoro… más allá de una isla desierta”). El poema respira en tres movimientos claros: entrega (inclinarse/abrazar), búsqueda (tesoro/isla/océano) y despertar sensorial (“Corazón que respira… ¡Huele a mundo!”). Esa última exclamación es preciosa: convierte la experiencia literaria en un acto físico, casi olfativo, y abre la ventana de par en par.
Muchísimas gracias por una lectura tan precisa y tan amable
Qué bonito gesto de humildad y celebración: “Me inclino ante las palabras” abre un poema metapoético que acaricia el lenguaje como quien reconoce un hogar. Me gusta mucho cómo pasas de lo íntimo -abrazarlas, amarlas- a la aventura: el “gran tesoro” más allá de la isla desierta convierte la escritura en travesía, brújula y mapa a la vez.
“Corazón que respira los desafíos del pulso” es una imagen potente: el latido como taller donde se forjan los versos. Y el remate, “¡Huele a mundo!”, es puro aire fresco -olfato, horizonte y ganas de vivir en una sola exclamación-. Un texto breve y luminoso que contagia deseo de leer y de escribir. Bravo.
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