Un día el corazón me entregó, al alba y en primavera, la verdad de tu risa. Nos sentamos lejos de todas las miradas, lejos de las calles bulliciosas, y jugamos con las llaves de la noche a tocar la luna con los dedos vibrantes y el alma inquieta quedando eclipsados en este sueño encantado. Me gusta tu boca cuando ríes y la grandeza de tus ojos. He plantado en nuestro hermoso jardín corazones y sueños. Nos ha descubierto el amor, amándonos.
Deshojé mi piel como una rosa, desnudé la verdad como única primavera y descubrí en cada beso una nueva flor. Mi corazón ya lo sabía: amor es quien se queda, el que avanza sin detenerse cuando todo parece imposible. Levanto la cabeza, como el tiempo a la piel encontré la vida en el mundo que me habita, en las caricias encontradas, en los labios de madrugada, en la mirada que enamora. Llega de nuevo el sol a mis manos tatuadas te adoro, vida… ¡Todo resplandece!
Amo de ti la sencillez, la dulzura de tus manos, tu voz, tu risa… la quietud de tu mirada y el torbellino de tus labios. Siente mi beso, largo beso dado en los márgenes de la noche que nace y no se detiene en las luces deslumbrantes que nos invaden cuando somos Sol y Luna y nos deslizamos mágicos en nuestro amor. Tú eres la otra mitad de mi corazón.