Mujer,
el mundo se abre ante tus ojos
ondea solemne el prohibido amanecer
y cada nota resonante y fabulosa
anuncia un final seguro:
La noche siempre se convierte en día.
Yace pensativo el ruiseñor
anclado en la pluma que queda en el papel.
Escribe la tinta el abrazo que arde
y el mar cumple todas sus promesas.
Miro al fondo de mí misma.
Incalculable el nacimiento:
Hallo los ojos del mundo
abiertos, vivos, olímpicos
con sus manos vencedoras
besando un rayo de luna.
No tengo composición de lugar.
Evoco un leve equilibrio
cuando al unísono,
algo en mí, lejano, repite:
Mujer, levántate y anda.
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