
La poesía y el amor dibujaron sobre mí
el epigrama de mis únicos refugios.
No sabía dónde encontrarte,
dónde encontrarme.
Reluciendo en cada borde de luz
vi florecer de nuevo el tiempo, los días.
Seguí despierta para poder volar y nacer de nuevo
en la carne del verbo.
Mi amor asume el mundo
y la piel se estremece.
Espero desde este lado de la vida.
Siembro rosas.



