
La poesía y el amor dibujaron sobre mí
el epigrama de mis únicos refugios.
No sabía dónde encontrarte,
dónde encontrarme.
Reluciendo en cada borde de luz
vi florecer de nuevo el tiempo, los días.
Seguí despierta para poder volar y nacer de nuevo
en la carne del verbo.
Mi amor asume el mundo
y la piel se estremece.
Espero desde este lado de la vida.
Siembro rosas.





6 comentarios:
Precioso
Precioso poema,Mónica.Reluciendo en cada borde de luz. Mi amor asume el mundo.Siembro rosas desechas espinas... Me gusta mucho.
Muy bello Mónica que mejores resguardos que el amor y la poesía mas si cabe si van de la mano,muchas,muchas veces amiga mia es lo que nos queda el amor que damos y recibimos y alguna forma de expresarlo,y la poesía es amor en si misma.
Me reitero bellísimo Mónica,un fuerte abrazo.
Cada rosa que siembras desde el profundo amor, es un punto de luz en el universo.
El tiempo cura las heridas y fortalece la piel.
Un beso.
Muy bonito el título y el poema. La luz y el amor es lo que mueve el espíritu de uno mismo. Es la fuerza que lo mueve a luchar cada día. Un abrazo.
Son muy buenos estos refugios elegidos por vos. Siempre recurrimos donde refugiarnos, algunos se equivocan al elegir, los tuyos seguramente salvan.
Saludos.
Publicar un comentario en la entrada