miércoles 25 de febrero de 2009

UNA MUJER ESCRIBE ESTE POEMA. Carilda Oliver Labra

Tamara Lempicka


UNA MUJER ESCRIBE ESTE POEMA


Una mujer escribe este poema

donde puedea cualquier hora de un día que no importa

en el siglo de la avitaminosis

y la cosmonáutica

tristeza deseo no sabe qué

esperando la bayoneta o el obús

una mujer escribe este poema

sin atributosa desvergüenza y dentellada

fogosa inalterable arrepentida pudriéndose

caemos por turno frente a las estrellas

todos tenemos que morir

no hay nada más ilustre que la sangre

una mujer escribe este poema

qué estúpida la línea que divide sol de sombra

el crepúsculo pasaacumulándose al final de las azoteas

supimos de pronto de una trombosis coronaria

existes soledad

sonó una bomba

vean si se han roto los lentes de contacto

una mujer escribe este poema

separa quince pesos para el alquiler

mi amigo viejose desprende del mediodía por la próstata

bailamossigue la preparación combativa

no pasarán

una mujer escribe este poema

como quien ha perdido el tiempo para siempre

creo en el corazón de Denise Darval

hemos ganado porque morimos muchas veces

parece que tengo un derrame de sinovia

no hay tiempo para la poesía

de veras que los frijoles se han demorado en hervir

te juro que mañana presentaré el divorcio

una mujer escribe este poema

cómo hay fantasmas a las siete en mi pecho

entablillé una rama a la areca que está triste

mamá tú no sabes la falta que me haces

si suena la alarma aérea

recojan a los niños que duermen en la cuna

voy a guardar este retrato del Ché

como calló el canario traje un tenor a casa

una mujer escribe este poema

cargada de ultimátum

de pólvora

de rimmel

verde contemporánea lela

entre el uranio

yel cobalto

trébol de la esperanza

convaleciente de amor

tramposa hasta el éxtasis

tonta como balada

neurótica

metiendo sueños en una alcancía

ninfa del trauma

novia de los cuchillos

jugando a no perder la luz en el último tute

una mujer escribe este poema.

CARILDA OLIVER LABRA


Nace en Matanzas, Cuba en 1924.

Poesía. EL MAR NO ES UNA HOJA DE PAPEL

"Lady with fan"

EL MAR NO ES UNA HOJA DE PAPEL

Si las caricias del viento y sus alas
son la suma y la resta
del azul en el océano abierto.

Si la pasión de la tierra es la desnudez
delirante de nuestro besos.
Si el pulso late a pulmón abierto
en los árboles, las piedras, el agua,
la luna y los fulgores.

Si escribo un poema de amor
en las venas de tu piel,
hoja de papel cuyos ojos se avecinan
llenos de voz sobre mi mano.
Si rozo con el pecho tu camino.

Si aliento al deseo con los labios
si pinto del sol de poniente
su naranja carmesí
si despido a la primavera
si muero
si nazco de nuevo
si soy mujer
si soy viento…
No tengo tristeza.

Reluce el amor en cada verso.
Canto, con esta boca al descubierto:
el mar no es una hoja de papel.

Mira estos ojos.
Me entrego vencida en sus pupilas.


Mónica López Bordón
Poesía Inédita

lunes 23 de febrero de 2009

"El jardín de Hespérides". Frederic Leighton


EL POETA MURIÓ AL AMANECER


Hoy tengo la necesidad de huir de esta vida
sin esperar respuesta,
sin buscar de tu mirada
la súplica impenitente
del “quédate” tan esperado.

Quiero huir de estos latidos insomnes,
de la angustia voraz que colma cada pensamiento,
de la cabeza abierta y el corazón partido
en tantos y tantos pedazos...

Quiero desaparecer y abandonar este largo dolor,
duelo de espadas clavadas
en el bosque salvaje de nuestros vientres.

Quiero marcharme como si estuviera muerta,
como si las ilusiones no respirasen y, al huir,
sin respuesta y herida,
lentamente abrir el alma y el cuerpo a los ojos,
a las entrañas palpitando en las sílabas contadas, sin ansia,
a las manos apresadas, sin prisa,
al viento mortal, sin destino.

Grito perdonándote la mentira de tu voz palideciendo
en el vacío del lamento,
apoyándose en la octava nube que he contado esta noche
multiplicada por millones de veces sin sentido.

Y tienes que perdonarme este ser mujer
en cada trampa como ésta.

Serena y buscando atentamente, detenidamente,
un lugar donde encontrarte a pesar de este dolor,
sólo puedo verte en el paisaje de un rostro inventado
en la espesura de esta muerte.


Mónica López Bordón
Poesía Inédita

viernes 20 de febrero de 2009

VIENTO FEROZ, INCALCULABLE



VIENTO FEROZ, INCALCULABLE

Hay otro horizonte,
un horizonte huido de toda promesa
donde existe el vuelo aterciopelado
de verso dulce,
alas de papel pintadas
con la pureza del azul
combatiendo sin ira
en la cima blanca de la montaña
sintiendo el palpitar del labio,
la mano en la caricia,
el beso en el carmín,
el pie en la huella,
la huella en la arena,
la arena en la orilla,
la orilla en la otra orilla
y el viento feroz, incalculable
de nuestros cuerpos,
huidosde toda promesa.



miércoles 18 de febrero de 2009

"La Venus del Espejo". Diego Velázquez
ESPEJOS A DISTANCIA

1

Tú, testigo tan implacable y fiel como la piedra al sol de mediodía,
búscame en algún sitio donde sea más fuerte que el sabor del tiempo,
tráeme desde algún lugar donde las aguas del diluvio hayan bajado,
y yo esté allí aún,
envuelta con el manto de los invulnerables
después de toda prueba.

Y es como una burbuja desprendida de la espuma del cielo.
Veo abierta de par en par una ventana sólo para salir a la intemperie,
sólo para seguir este reguero de migajas sombrías que lleva hasta la muerte.
Veo un jardín inmenso sepultado en la huella de una pata de pájaro.
Y la casa que crece entre los sueños con raíces de locura furiosa,
la casa que simula a la distancia navíos y combates,
se ha levantado y anda debajo de la arena.
Veo unas gradas en las que retumba la cabeza del miedo
-olas, galope y trueno-,
cercenada de pronto por el primer cuchillo que guardo en la nostalgia.
Cae, cae conmigo hasta el regazo.
¡Oh piedad! ¡Oh sangre siempre insomne del corazón materno,
lúcida como la hierba me has guardado!
y yo tengo en los ojos el tamaño de lo irrecobrable.
Soy apenas ese fulgor del oro perdido que cualquiera
puede mirar desde sus propias lágrimas.

2

Tú, ladrón de la gloria y la miseria,
merodeador de tantas escenas
que se encienden después igual que un talismán en el fondo del alma,
desentierra el lejano amor del huésped,
ábreme las cavernas donde fui arrebatada con ese brillo de ascua,
déjame contemplar en la nostalgia esas vivas estatuas que miran hacia atrás.

Y es un vapor que sube desde cada caldera donde me están hirviendo,
un vaho de salvajes corazones en el ritual del hambre,
un humo de expiación que asciende desde el fin de toda hoguera.
¿Quién era yo, desnuda, bajo esos velos de eternidad
tejidos por la sed en el palacio de los espejismos?
Cara de cuenco blanco, hecha para beber el ácido brebaje del olvido:
no me puedo mirar.
¿Quién era yo en un lecho con orillas de río, en una
barca en llamas que corría más allá del abismo?
Cara de cuenco rojo, roída por los dientes veloces del deseo:
quienquiera que te vio te ha perdido entre mil.
¿Quién era yo con una piedra en la inocencia en cada
mano para ahuyentar las invencibles sombras?
Cara de cuenco rojo, trizada por el golpe del engaño:
nadie ha quedado en ti.
¿Quién era yo?
¿Quién era, puñado de cenizas?


3

Tú, cómplice de la rampa del abismo,
con ese brillo de ángel caído entre dos mundos,
ilumina este rostro que pugna por asomar desde mi nacimiento,
muéstrame a la que mide con mirada de siglos
la distancia que me aparta de mí,
a la que marca con un tatuaje fúnebre todo cuanto me habita,
lo mismo que una herida.

Y es como una bujía que asciende desde el fondo del estanque.
Hay un fulgor de verde venenoso,
una luna que avanza como la emanación de vegetales milenarios.
Ella pega sus mejillas de reina leprosa contra el cristal del invernáculo.
-Carne desconocida,
carne vuelta hacia adentro para sentir pasar el arenal del mundo,
carne absorta, arrojada a la costa por el desdén del alma-.
Yo no entiendo esta piel con que me cubren para deshabitarme.
No comprendo esta máscara que anuncia que no estoy.
¿Y estos ojos donde está suspendida la tormenta?
¿Esta mirada de ave embalsamada en la mitad de su vuelo?
¿He trasportado años esta desolación petrificada?
¿La he llevado conmigo para que me tapiara como un muro la tierra prometida?
Entonces, este cuerpo, ¿habrá estado tal vez tan lejos de la vida
como ahora está lejos de su muerte?
Sin embargo la tierra en algún lado está partida en dos;
en algún lado acaba de cambiarse en una cifra inútil
sobre las tablas de la revelación;
en algún lado,
donde yo soy a un tiempo la esfinge y la respuesta.
Que se calle mi nombre en esa boca como en un sepulcro.
Voy a empezar a hablar entre los muertos.
Voy a quedarme muda.

OLGA OROZCO