"Los conquistadores". Miguel MenassaMe seducen los aros y los colgantes coloridos
las piedras coloradas y los rubíes
y las sencillas violetas en el rincón del patio.
De las vidrieras me atrapan los tonos amarillos
el sol contra la puerta cancel
y el color ocre de la galería en Chiclana.
Hierro forjado a mano por suaves forjadores
en el estilo imperial de la muralla china
hacia el oeste se extendía solemne el patio de mi casa
y hacia el misterio de la calle, el precipicio.
Después del precipicio la plazoleta verde
lejana inalcanzable
como la tierra prometida.
A mí
cuando pequeño
me separaba de la calle una escalera
una escalera blanca
con dos barandas verdes de cedro a los costados.
La idea fija era volar
una tarde, verano en Buenos Aires
el patio era un desierto.
Sólo un valiente se animará a cruzarlo.
Me puse las botas me coloqué la máscara antigás
y en cuatro saltos alcancé el rincón del patio
donde crecían las violetas.
La puerta cancel quedó a la vista.
Mientras los enemigos dormían atontados
por el alcohol del mediodía,
me paré en el primer escalón de la escalera.
Abrí mis brazos. Respiré profundamente
dispuesto a todo
y perdí los sentidos
cuando me invadieron por primera vez
los olores lujuriosos de aquel sombrío patio.
Amaba a las golondrinas
porque aprendí de ellas volver en el verano.
En el verano amaba en las arenas
la huella de tus pies.
Odiar odiaba solamente el olor de los muertos.
“Mano de hierro” lo llamaban
Miguel, Miguel, mi bien amado y dulce camarada.
Montabas a caballo como el “Llanero Solitario”
único y elegante
en las terribles guerras del verano
me hablabas de tu cuerpo
de tu cuerpo desnudo entre los perros
los perros le ladran a la ropa, me decías.
Desnudo uno es un perro más.
Dejar la casa del abuelo.
Olvidarme del patio y de la higuera
no recordar jamás el gusto de la menta
fue un golpe bajo de la vida.
Y vinieron después silenciosas mujeres
a violentar en mi recuerdo el nombre tuyo.
Vino después tu muerte traicionera.
Me contaron tu cara extraviada de sorpresa
porque esperar
-menos la muerte-
habíamos esperado juntos cualquier cosa.
Me quedé con todo el dolor
y toda la alegría.
Siempre fui dos desde tu muerte.
Boxeé contra la luna
y tenía en la cintura
todos los movimientos.
Me llamaban el pulpo de Patricios.
Crecía, crecía vertiginosamente
el odio en mi mirada.
Fui quedando solo
encerrado en el tiempo de nuestros juegos.
Fui jugador.
Até mi vida con cadenas
para no salir volando detrás tuyo.
Me aconsejé recuperar la historia de mi padre
árabe taciturno
una palabra cada seis meses
un gesto de amor todas las Navidades.
Después, después fui médico de locos
porque el que pega primero
pega dos veces.
MIGUEL OSCAR MENASSA




6 comentarios:
Que poemas mas hermoso nos entregas.. un gusto leerte..
te dejo mis saludos fraternos con mucho cariño
un abrazo inmenso
besos
Gracias por descubrirmelo. Ha sido un placer.
Un abrazo.
Saludos Adolfo
Hola Felipe,
La poesía de Menassa es un placer, esa poesía viva que nos toca a todos.
Que la disfrutes
Un abrazo
Me parece muy bueno tu blog, muchas gracias por ser parte de mi mar, mis sirenas te esperan.
È pena que eu não entendo tudo em espanhol porem deu para ver imagens lindas e diferentes como també belas poesias lindo seu blogger.
parabéns.
um abraço. Edivaldo Mendonça
entardecendo com esperança de um novo amanhecer.
http://godopen-aoentardecer.blogspot.com
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